sábado, octubre 06, 2007

Diario Íntimo de un Condenado capítulo 66


¿Educación para la Ciudadanía? (1)

Hace unos días un funcionario me dijo “tu eres ateo” ¿¡¡!!? ¡¡Dioses!! ¿Ateo yo? Que barbaridad. No es ateo quien cree en la existencia de algún ente divino y yo creo en unos cuantos. Otra cosa es que ya no sea católico; ni evangélico; ni seguidor de ninguna doctrina monoteísta ya sea cristiana, islámica o judía. Pero ateo no, ¡¡por Afrodita!! eso nunca. Sería un desperdicio que con tantos dioses y sobre todo diosas como la historia, los mitos y las leyendas cuentan que alguna vez influyeron en las cosas de este mundo, anduviese yo, un mortal del que nada quedará salvo quizá el alma, desarraigado de todos ellos.

Creyendo que no somos sino un amasijo de células promoviendo unas, perpetrando otras, reacciones químicas que nos llevan del la risa al llanto (con las mismas lágrimas), de la vida a la muerte sin solución de continuidad. Así, sin más. Sin otro propósito que hacer feliz a Charles Robert Darwin (Odín le tenga a buen recaudo…), continuando su teoría de la evolución por los siglos de los siglos, sujetos por la fuerza de la gravedad a un planeta en el que según Albert Einstein todo es relativo, en un universo que a los ojos de Estephen William Hawking nació en un ciclo casual y morirá de la misma casualidad o, tragado por uno de sus agujeros negros.

No. No soy ateo. Es cierto, sin embargo, que después de leer a los anteriormente mentados y a otros que tampoco fueron ni son teólogos, mis creencias han dado un giro de 270 grados. ¿Qué otra cosa puede uno ser después de leer a Platón y entender que lo suyo, además de ser en cierta forma, la semilla del existencialismo, lo es también del gnosticismo? Escribió Kierkegaard (danés como Jostein Gaarder y su Mundo de Sofía): “tengo que encontrar una verdad que sea verdadera para mí, por la que valga la pena vivir o morir”. En el mismo sentido pero matando a dios y atentando contra el racionalismo, se expresó Friedrich Nietzsche, que además dijo que, “la visión del universo como un ente ordenado era una entelequia, algo que resulta tan cómodo como ilusorio”. Jean-Paul Sastre y Martin Heidegger no me aclararon mucho más y finalmente me dejé mecer por las, mucho más emocionantes obras de Fiódor Dostoievski, Franz Kafka y Arthur Miller (¡¡por Isis!! Este además, estuvo casado con Marilyn Monroe)

Si a esto sumamos el medio siglo que me aparta del cómodo útero materno y algunas experiencias (no todas desastrosas pero casi…) con el hecho religioso o, quizá tendría que decir: con la forma en que las jerarquías religiosas de la mayoría de las religiones han influido en el devenir de la especie humana (algunas, afortunadamente, sólo en grado de tentativa); al giro, habría que añadir un vuelco de 180 grados en el eje. Es decir, estoy casi en el mismo punto en el que empecé, cuando decidí pensar seriamente en este asunto, pero cabeza abajo y con el conocimiento suficiente como para decir que no estoy seguro de casi nada pero que, a estas alturas, sigue siendo emocionante meditar acerca de quienes somos, de donde venimos y hacia donde coño vamos.

A. V. de B.

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